
Economía, cuidados y desigualdad
La economía tradicional nos hace pensar que todo gira alrededor del mercado: empresas, salarios, compras y ventas. Pero eso solo es la punta del iceberg.
Debajo existe otra parte enorme de la economía que casi no se ve: los cuidados, el trabajo doméstico y las relaciones que sostienen la vida diaria.
La economía feminista explica esto usando el concepto de flujo circular de la renta ampliado: no solo cuenta el dinero que circula en el mercado, sino también cómo ese dinero se convierte en bienestar dentro de los hogares.
Sin ese espacio de reproducción social (cuidar, cocinar, limpiar, criar, atender a enfermos), el sistema económico simplemente no podría funcionar.
Estas cinco claves fundamentales permiten entender cómo funciona realmente esta “economía invisible” que sostiene la vida cotidiana.
1. El mito del “ser humano universal” (BBVAh)
La economía clásica imagina a las personas como si fueran individuos totalmente independientes, capaces de vivir y trabajar sin necesitar a nadie.
Pero ese modelo en realidad representa a un tipo muy concreto de persona llamado BBVAh:
Blanco, Burgués, Varón, Adulto y Heterosexual.
Este modelo supone que esa persona puede dedicarse solo a producir dinero porque alguien más está cubriendo sus necesidades básicas (comida, limpieza, cuidados, etc.), normalmente una mujer.
Por eso la economía feminista dice que ese “ser humano universal” no es real, sino una ficción que esconde privilegios y dependencia.
Demandamos:
- Romper con el modelo androcéntrico del homo economicus y reconocer la diversidad de cuerpos, necesidades y dependencias.
- Reconocer social y políticamente el trabajo de cuidados como una actividad central para el funcionamiento económico.
- Construir políticas públicas basadas en la interdependencia, no en la ficción neoliberal del individuo autosuficiente.
2. El 32% del PIB que no aparece
El PIB (Producto Interior Bruto) mide la riqueza de un país, pero solo cuenta lo que se paga con dinero.
Esto crea una paradoja: desde 2014 el PIB incluye actividades ilegales como el tráfico de drogas, pero no incluye el trabajo doméstico no remunerado. En lugares como Euskadi se ha calculado que ese trabajo invisible equivale a aproximadamente el 32,4% del PIB.
Para medirlo se usan herramientas llamadas Cuentas Satélite, que calculan cuánto valdrían esos trabajos si se pagaran.
Se puede calcular de tres maneras:
- Sustitución global: cuánto costaría contratar a alguien que hiciera todas las tareas del hogar.
- Sustitución especializada: pagar cada tarea según su profesión (cocinero, limpiador, cuidador, etc.).
- Coste de oportunidad: cuánto dinero deja de ganar la persona que cuida al no trabajar en el mercado.
Demandamos:
- Incorporar el trabajo doméstico y de cuidados en los indicadores económicos oficiales.
- Reconocer económicamente el trabajo reproductivo, porque sin él el mercado no tendría fuerza de trabajo.
- Dejar de sostener el sistema sobre trabajo gratuito de las mujeres.
3. El conflicto entre capital y vida
Existe un problema estructural llamado conflicto entre la valorización del capital y la sostenibilidad de la vida.
En pocas palabras: el sistema económico intenta maximizar beneficios, mientras que las personas y la naturaleza tienen límites y necesidades reales.
La economista Amaia Pérez Orozco explica que el beneficio económico muchas veces se obtiene a costa del desgaste de la vida.
Cuando los salarios son bajos o faltan servicios públicos (guarderías, sanidad, dependencia), el trabajo extra recae en los hogares, especialmente en las mujeres.
Ellas actúan como un “colchón invisible” que absorbe los problemas del sistema.
Demandamos:
- Poner la sostenibilidad de la vida por encima de la acumulación de capital.
- Garantizar salarios dignos, servicios públicos y derechos sociales para que los cuidados no recaigan exclusivamente en los hogares.
- Redistribuir radicalmente el tiempo, la riqueza y el trabajo de cuidados entre Estado, mercado, y hombres y mujeres
4. Por qué una huelga de 24 horas no siempre es “general”
Tradicionalmente, una huelga general era cuando se paraban las fábricas y las empresas.
Pero el movimiento feminista mostró algo importante:
si las fábricas paran pero los cuidados siguen funcionando, el sistema sigue en marcha.
Por eso las huelgas feministas del Día Internacional de la Mujer plantean parar también:
- El trabajo doméstico
- Los cuidados
- El consumo
Cuando las mujeres dejan de hacer ese trabajo invisible, se nota inmediatamente, porque gran parte de la vida diaria depende de ello.
Demandamos:
- Reconocer el trabajo de cuidados como trabajo político y económico.
- Ampliar el concepto de huelga para incluir cuidados, consumo y trabajo doméstico.
- Visibilizar el poder estructural de quienes sostienen la vida cotidiana.
5. Los presupuestos públicos no son neutrales
El dinero del Estado parece neutral, pero en realidad afecta de forma diferente a hombres y mujeres. Por ejemplo, cuando hay recortes en sanidad, educación o servicios sociales, ese trabajo no desaparece: vuelve a los hogares. Y normalmente son las mujeres quienes lo asumen.
Para evitar esto existen los Presupuestos con Enfoque de Género (PEG), que buscan:
- Analizar cómo afecta el gasto público a cada género
- Evitar que el presupuesto aumente la desigualdad
- Repartir mejor la responsabilidad de los cuidados entre Estado, mercado y familias
Demandamos:
- Aplicar presupuestos públicos con perspectiva de género en todas las administraciones.
- Invertir masivamente en servicios públicos de cuidados.
Acabar con las políticas de austeridad que descargan el peso del bienestar sobre los cuerpos de las mujeres.
